
Una de las partes divertidas de los festivales es imaginar combinaciones que probablemente nunca ocurrirían en un concierto individual. Pulso GNP tiene un cartel suficientemente variado como para provocar varias de esas fantasías, aunque es importante decirlo desde el principio: estas posibilidades son solamente un ejercicio de imaginación, no colaboraciones anunciadas.

¿Qué pasaría si Robbie Williams compartiera unos minutos de escenario con alguno de los proyectos mexicanos del cartel? Sería un encuentro extraño en el mejor sentido. Su repertorio pop tiene suficiente amplitud para dialogar con diferentes estilos. Una aparición de Caifanes junto a otro proyecto del cartel también sería una escena difícil de ignorar, especialmente considerando el peso que la banda tiene dentro del rock mexicano.

Otro escenario interesante estaría entre generaciones. Imaginar a Kevin Kaarl, NSQK o Bruses compartiendo una canción con integrantes de una banda como Fobia o La Gusana Ciega permitiría escuchar cómo una misma canción puede cambiar cuando se produce desde dos lenguajes diferentes.

Y luego están los encuentros puramente musicales: Deorro con alguno de los proyectos más electrónicos, una colaboración inesperada entre artistas urbanos y propuestas alternativas o incluso un cierre improvisado entre músicos que coincidan fuera del escenario. Probablemente nada de esto ocurra. Pero los festivales también se disfrutan desde esa posibilidad. Porque una parte de la magia de estar ahí es no saber exactamente qué puede pasar entre una presentación y otra.


