American Football siempre ha tenido una relación particular con el paso del tiempo. Su primer álbum apareció en 1999, cuando sus integrantes todavía estaban vinculados con la vida universitaria en Illinois. La banda se separó poco después y durante años parecía que aquella historia había quedado detenida en nueve canciones. Sin embargo, el tiempo terminó haciendo lo contrario: convirtió a LP1 en una referencia cada vez más importante y eventualmente llevó a la agrupación de regreso a los escenarios. En 2026, American Football ya no está intentando regresar al punto donde comenzó. LP4, publicado el 1 de mayo, es la prueba más clara de ello.
El cuarto álbum homónimo de la banda reúne diez canciones y casi 50 minutos de música. A diferencia de una continuación nostálgica de sus primeros trabajos, el disco se encuentra profundamente relacionado con la etapa de vida actual de sus integrantes. Las letras de Mike Kinsella se acercan a temas como la pérdida, la culpa, el divorcio, la adicción, el aislamiento y la aceptación. Son asuntos mucho más difíciles de colocar dentro de la narrativa romántica de una banda que simplemente quiere volver a tocar las canciones de su juventud.

Uno de los elementos más interesantes de LP4 es que la música no siempre acompaña la gravedad de las letras de manera obvia. La producción incorpora piano, vibráfono, sintetizadores, trompeta, coros y diferentes texturas que hacen que algunas canciones tengan un carácter luminoso incluso cuando las historias que cuentan son mucho más oscuras. La propia descripción del álbum plantea esa contradicción como una parte central de su identidad: American Football puede hablar de situaciones difíciles sin convertir cada canción en una pieza completamente sombría.
“Man Overboard” abre el disco con una batería particularmente compleja y una narrativa marcada por imágenes de aislamiento y deriva. Después aparece “No Feeling”, que cuenta con la participación vocal de Brendan Yates de Turnstile. Más adelante, “Blood On My Blood” incorpora a Caithlin De Marrais de Rainer Maria, mientras que “Wake Her Up” suma la voz de Wisp. Estas colaboraciones no parecen colocadas simplemente para sumar nombres al álbum: cada una modifica el color de las canciones y abre nuevas posibilidades dentro del sonido tradicional de la banda.
Uno de los momentos más extensos del álbum es “Bad Moons”, una canción de más de ocho minutos que condensa buena parte de las nuevas inquietudes de American Football. La pieza fue construida a partir de dos demos y termina funcionando como uno de los momentos más ambiciosos de LP4. También está “Desdemona”, donde las voces procesadas y las capas instrumentales llevan al grupo hacia un terreno todavía más experimental.
Todo esto importa de cara al concierto en CDMX porque LP4 cambia la perspectiva desde la que se debe escuchar a American Football. No estamos frente a una banda que volvió únicamente para celebrar un disco antiguo. Estamos frente a un grupo que utilizó ese regreso para continuar desarrollando su lenguaje.

El 26 de septiembre en ORBE, las canciones de LP4 convivirán con aquellas que construyeron su historia original. Será una noche donde el pasado estará presente, pero no necesariamente al frente. American Football parece más interesado en demostrar qué ocurre después de sobrevivir al tiempo.

