Un festival se puede medir de muchas maneras. Por la producción, por el tamaño de los escenarios, por la cantidad de artistas o por la asistencia. Pero hay otra medida mucho más sencilla: qué tan fuerte canta el público cuando llega una canción conocida. Pulso GNP tiene suficientes nombres con repertorio popular como para convertir varios momentos del 10 de octubre en auténticos ejercicios de garganta colectiva.

Caifanes ocupa uno de los lugares más evidentes en esta conversación. Hay canciones de la banda que ya no pertenecen solamente a su discografía, sino al imaginario del rock mexicano. “Afuera”, “Viento”, “La célula que explota” y “No dejes que…” tienen algo que pocos temas consiguen: pueden ser cantadas por personas de edades muy distintas sin necesidad de explicar de dónde vienen. El público hace el trabajo solo.
Fobia tampoco llega con las manos vacías. “Microbito” tiene esa combinación de irreverencia y melodía que la mantiene reconocible décadas después de su aparición. La Gusana Ciega aporta otro repertorio construido alrededor de canciones que el público conoce de memoria, mientras DLD y Los Claxons representan otra generación de himnos que encontraron su lugar en conciertos y festivales mexicanos.
Y luego está Robbie Williams. “Angels” tiene un potencial completamente distinto porque no depende de una generación específica. Puede cantar quien lo escuchó en los noventa, quien lo descubrió gracias a una playlist o quien llegó a él por “Better Man” y su etapa reciente. Esa convivencia es justamente lo interesante. Pulso GNP no necesita fabricar un gran momento colectivo: tiene canciones suficientes para que el público lo construya desde abajo, con miles de voces cantando la misma línea.

