La fascinante historia de Air Supply es el testimonio vivo de cómo el talento y la perseverancia pueden forjar leyendas. Todo comenzó de manera casi fortuita en mayo de 1975 en Sídney, Australia, cuando Graham Russell y Russell Hitchcock cruzaron caminos mientras participaban en los ensayos del aclamado musical “Jesucristo Superestrella”. Esa conjunción de talentos vocales dio origen a una de las alianzas más fructíferas de la industria.
El ascenso meteórico de la agrupación llegó cuando su sonido cristalino cruzó el océano para conquistar el difícil mercado de Estados Unidos en 1980. A partir de ese momento, la banda logró la asombrosa proeza de colocar siete sencillos consecutivos en el codiciado top 5 de la revista Billboard, igualando en ese momento un récord que solo ostentaban los inalcanzables The Beatles.

La genialidad de su legado radica en la perfecta simbiosis de sus fundadores. Mientras Graham Russell aportó una mente maestra para componer letras profundamente emotivas y melodías cautivadoras, Russell Hitchcock prestó una voz de tenor inconfundible, capaz de transmitir una vulnerabilidad y un dramatismo que se convirtieron en la firma sonora de la agrupación a nivel mundial.
La llegada de este magno espectáculo al Auditorio Nacional no es un tributo a la nostalgia, es la celebración activa de una carrera impecable. Este 25 de febrero, las luces brillarán para honrar a dos obreros de la música que, contra todo pronóstico y sobreviviendo a innumerables cambios en la industria, siguen demostrando que las grandes canciones de amor tienen el inmenso poder de ser absolutamente inmortales.

