Cuando Jamiroquai apareció en Londres a principios de los noventa, el acid jazz estaba encontrando una audiencia cada vez mayor. La combinación de jazz, funk, soul y música electrónica estaba generando una escena particular, y el proyecto liderado por Jay Kay se convirtió rápidamente en uno de sus nombres más reconocibles. Pero la historia de la banda no terminó ahí. Con cada álbum, Jamiroquai fue desplazando sus fronteras hasta convertirse en un proyecto difícil de encerrar en un solo género.
El debut, Emergency on Planet Earth, apareció en 1993 después del lanzamiento de “When You Gonna Learn?” y estableció desde el principio una conexión entre la música bailable y las preocupaciones ambientales. El álbum llegó al número uno en Reino Unido y presentó canciones relacionadas con contaminación, guerra, desigualdad y otros problemas sociales.
Un año después llegó The Return of the Space Cowboy, que amplió la propuesta y consolidó una identidad que ya era reconocible. Después, Travelling Without Moving llevó esa fórmula a un público internacional mucho más amplio. La banda comenzó a aparecer en grandes escenarios y su música encontró espacio tanto en clubes como en estaciones de radio y canales musicales.

Pero Jamiroquai no se quedó en el sonido de los noventa. Synkronized, A Funk Odyssey y Dynamite fueron introduciendo diferentes grados de electrónica, disco, pop y dance. Para cuando llegó Automaton en 2017, la relación con la tecnología era todavía más evidente, tanto en el concepto del álbum como en su producción.
“Little L”, de A Funk Odyssey, representa precisamente ese momento de transición. La canción lleva el funk de la banda hacia un terreno mucho más electrónico y bailable, demostrando que el proyecto podía modificar su superficie sin perder el elemento que había hecho reconocible su música desde el principio.
Después está “White Knuckle Ride”, de Rock Dust Light Star. La canción pertenece a una etapa donde Jamiroquai buscó recuperar parte de la sensación orgánica de sus primeros discos, pero sin renunciar a la experiencia acumulada durante los años anteriores.
Y finalmente “Cloud 9”, incluida en Automaton, permite observar cómo el grupo llegó al siglo XXI sin convertirse en una recreación de sí mismo. El sintetizador, la producción electrónica y la estética futurista del álbum muestran a una banda consciente de que su música tenía que seguir avanzando. La discografía de Jamiroquai registra ocho álbumes de estudio hasta Automaton, publicado en 2017.
Ahora, nueve años después de aquel último álbum de estudio, existe nuevamente movimiento en el frente discográfico. En febrero de 2026, Jamiroquai firmó un acuerdo global con BMG y comenzó una nueva etapa alrededor de su próximo material. La banda está trabajando en su noveno álbum de estudio, todavía en proceso de finalización.
Ese contexto hace especialmente interesante su regreso a México. No se trata únicamente de recuperar el sonido que hizo famosa a la banda. Se trata de escuchar qué queda de aquella fórmula después de más de treinta años de evolución.

El 27 de septiembre en Arena CDMX, Jamiroquai llegará con una discografía que conecta tres décadas de música popular y con un nuevo capítulo todavía por terminar de escribirse.

