Un festival de música no tiene por qué mantener el mismo pulso durante todo el día. De hecho, parte de la gracia está en que una tarde puede comenzar con guitarras, pasar por canciones íntimas, cruzarse con pop y terminar con música electrónica. Pulso GNP entiende esa lógica y construyó un cartel en el que el cambio de género no es una interrupción, sino parte de la programación.

Caifanes, Fobia, DLD, La Gusana Ciega y Travis representan una columna claramente vinculada al rock. Pero entre ellos aparecen propuestas que llevan el festival hacia otros territorios. Kevin Kaarl puede bajar las revoluciones desde una sensibilidad más íntima; NSQK lleva el cartel hacia el R&B y la producción contemporánea; Bruses aporta una estética más oscura y Deorro puede convertir el escenario en una pista de baile.

Ese cambio también modifica al público. No necesariamente serán las mismas personas las que estén frente a cada escenario. Un fan de Caifanes puede cruzarse con alguien que llegó principalmente por Deorro; alguien que fue a ver a Kevin Kaarl puede terminar frente a una banda que nunca había escuchado.
Y ahí aparece una de las funciones más interesantes de un festival: obligarnos a movernos. No solamente físicamente entre escenarios, sino también entre géneros y estados de ánimo. Pulso GNP no tiene que convencer a todos de escuchar lo mismo. Su atractivo está precisamente en ofrecer suficientes caminos para que cada persona construya un recorrido diferente.

