Si algo evita que Pulso GNP sea solamente un festival de nostalgia es la presencia de proyectos que representan distintas formas de entender la música mexicana actual. El cartel coloca a nombres consolidados junto a artistas que están construyendo su propia audiencia y que todavía tienen mucho terreno por recorrer.

Kevin Kaarl representa una de las caras más reconocibles del folk contemporáneo mexicano. NSQK se mueve desde un lenguaje más cercano al R&B, el pop y la producción electrónica, mientras Bruses ha desarrollado una identidad marcada por una estética oscura y emocional. La Texana, Malcriada, Kevis & Maykky y Electrify agregan otras posibilidades al cartel y hacen que el festival no dependa exclusivamente de los nombres históricos.

La importancia de esta convivencia está en que el público no necesariamente llega con todo el cartel estudiado. Muchas veces el descubrimiento ocurre entre un escenario y otro. Alguien acompaña a sus amigos a ver a una banda, llega temprano porque no quiere perderse al siguiente artista y termina encontrando una canción que después se convierte en parte de su playlist.
Pulso GNP tiene ahí una de sus mejores posibilidades editoriales: poner a dialogar generaciones sin obligarlas a competir. Caifanes no necesita demostrarle nada a NSQK, ni Robbie Williams necesita justificar la presencia de Bruses. Son propuestas que existen en momentos distintos y que, precisamente por eso, pueden compartir un mismo festival. El público decide después cuáles canciones se quedan con él.


