Cuando termina un festival, casi nunca recordamos todo. Después de horas de música, escenarios, gente, comida y recorridos, la memoria suele quedarse con escenas específicas: una canción que apareció justo cuando estabas llegando, un coro que escuchaste desde lejos, una banda que no conocías y terminó sorprendiéndote.

Pulso GNP tiene varias canciones con posibilidades de convertirse en ese tipo de recuerdo. “Viento” puede ser una de ellas. También “Angels”, si Robbie Williams logra convertir el escenario en uno de esos momentos donde el público deja de ser espectador y comienza a cantar. “Sing” de Travis puede producir un efecto similar desde otra generación musical.
Pero los recuerdos no necesariamente vienen de los headliners. Una canción de Bruses puede terminar acompañando a alguien durante el regreso a casa. Un tema de NSQK puede convertirse en el descubrimiento personal del día. Una presentación de La Texana o Malcriada puede hacer que alguien llegue al festival sin expectativas y salga buscando más música de ese proyecto.
Esa es la parte imposible de programar. La organización puede definir horarios y escenarios, pero no puede decidir cuál será la canción que alguien recordará seis meses después. Y probablemente ahí está una de las mejores razones para no vivir Pulso GNP únicamente desde el itinerario. Hay que dejar algunos espacios vacíos para que el festival pueda sorprender.


