En 2011, Of Monsters and Men apareció con un disco que terminaría cambiando por completo la escala de su carrera. My Head Is an Animal comenzó como un lanzamiento de una banda islandesa de indie folk y terminó convirtiéndose en un fenómeno internacional. Su primer sencillo, “Little Talks”, llevó al grupo mucho más allá de su escena de origen y abrió la puerta para una trayectoria que ya supera los quince años.
La canción terminó convirtiéndose en una especie de carta de presentación involuntaria. Su combinación de voces, percusiones, metales y una melodía inmediatamente reconocible hizo que Of Monsters and Men pudiera llegar tanto a los circuitos alternativos como a escenarios mucho más grandes. El éxito fue suficiente para que My Head Is an Animal se convirtiera en un álbum multiplatino y colocara a la banda en las listas de numerosos países.

Después llegó Beneath the Skin en 2015. La banda comenzó a alejarse parcialmente de la imagen colorida y casi fantástica de su debut para explorar un sonido más oscuro y elaborado. De ahí surgieron canciones como “Crystals”, “Empire” y “Wolves Without Teeth”, temas que demostraron que el éxito de “Little Talks” no había sido un accidente ni una fórmula imposible de repetir.
Cuatro años después apareció Fever Dream, un disco que llevó todavía más lejos esa transformación. El grupo incorporó sintetizadores y elementos pop sin abandonar completamente sus raíces de indie folk. “Alligator” se convirtió en uno de los puntos de entrada a esa nueva etapa y mostró a una banda mucho más interesada en experimentar con su producción.
Por eso, el concierto del 9 de octubre en el Pepsi Center tiene un componente generacional interesante. Habrá quienes lleguen por las canciones que descubrieron en 2011 y quienes conozcan al grupo principalmente por sus trabajos más recientes. Todos, sin embargo, estarán frente a una banda que consiguió algo poco común: crecer sin quedar atrapada en el momento que la hizo famosa.


